Clausura del Coloquio Internacional “Tejiendo Voces por la Casa Común”. – Nuevos horizontes

 Tejernos es la esperanza que tenemos ante el horror que estamos viviendo, tanto en Cuernavaca como en la ciudad de México, se vive una situación cada vez más alarmante. También relacionada con las universidades. Esta preocupación nos la externaron los dos rectores de las universidades que hospedaron el coloquio.

             Esta idea de aire fresco en el espacio universitario, no es cosa menor. La institución universitaria que conocemos llega a su fin. Hace tiempo dejó de cumplir su función original y se está agotando por sus vínculos con el capital. La universidad tiene que ser repensada, tiene que ser resignificada, tiene que ser recreada en función de la emergencia que enfrentamos.

Hoy en Morelos, pero también en muchos puntos de la geografía nacional, se vive una profunda tragedia humanitaria, se vive el terror de la ausencia de Estado, cuando no la

complicidad y solapamiento del propio Estado a los grupos delincuenciales.

Son tres guerras las que se libran hoy en México dicen Raúl Benítez Manaut, y Sergio Aguayo Quezada del Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia, A. C.

Y es en el contexto de esas tres guerras en donde, parafraseando a Ignacio Ellacuría, nos tenemos que preguntar ¿es hoy posible una universidad distinta? No lo sé de cierto, pero sí sé, como el propio Ellacuría lo dice, que no podemos dejar de intentarlo, no tenemos derecho a no intentarlo.

“El sentido último de la universidad –afirma Ellacuría- debe mesurarse desde el criterio de su incidencia en la realidad histórica en la que se da y a la que sirve. Debe mesurarse por lo tanto, –continúa Ignacio Ellacuría– desde un criterio político”. Esta afirmación puede parecer que lleva a una politización desfiguradora de la auténtica labor universitaria, en lo que tiene de esfuerzo teórico por saber y por posibilitar un hacer desde ese saber.

No tiene que ser así. Y para que no lo sea, es necesario preguntarse muy explícitamente por la dimensión política de la universidad. El carácter distinto de la universidad no estará, entonces, en no cumplir con su misión política, sino cumplirla de otra manera.

Permítanme compartirles lo que en este momento estamos viviendo en Morelos y

en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, lo cual ilustra, desde nuestro análisis, de manera fehaciente lo certero de la tesis de Ignacio Ellacuría, en particular cuando habla de que para que la universidad no se quede sin norte, debe afrontar el tema de la dimensión política.

En días pasados se hizo público el hecho de que la Fiscalía General del Estado de Morelos, “cuenta con sus propias fosas comunes clandestinas donde inhuma sin permiso y de manera subrepticia cadáveres que nadie reclama, algunos de los cuales ni siquiera cuentan con número de carpeta de investigación ni siquiera constancia alguna del levantamiento del cuerpo” (Revista Proceso).

“Todo esto se desprende de la investigación realizada por la familia de Oliver Wenceslao Rodríguez Hernández, quien fue secuestrado y luego asesinado en 2013, y cuyo cadáver forma parte del grupo de los 150, mismo que fue colocado “por error u omisión” en una de estas fosas clandestinas por personal de la Fiscalía, a pesar de estar plenamente identificado por la familia, pero también, no obstante que existía una prueba de ADN que confirmaba plenamente la identidad del cadáver”.

A partir del descubrimiento de estas fosas clandestinas de la Fiscalía de Morelos,

el día 12 de noviembre, se publicó en la prensa de Morelos y en el Periódico La Jornada de la Ciudad de México, una carta abierta suscrita por colectivos y familiares de víctimas, así como por movimientos y personas defensoras de los derechos humanos y de las víctimas, dirigido al Presidente de la República, a la Procuradora General de la República, al Gobernador del estado de Morelos, al Secretario de Gobierno del estado de Morelos y al Fiscal General del mismo estado, exigiendo el esclarecimiento de la fosa clandestina de la fiscalía de Morelos que se encuentra en el poblado de Tetelcingo del municipio de Cuautla.

En mi participación en el inicio del del Coloquio Internacional, aproveché para hacer mío en lo personal y como rector de la máxima casa de estudios de Morelos el contenido de la carta abierta citada y puse públicamente al servicio de quienes la suscriben, las capacidades técnico científicas, así como humanas y políticas de la universidad.

Evidentemente las reacciones desde el poder se manifestaron de inmediato. La primera de ellas fue cuestionar si la universidad estaba certificada para realiza labores forenses; la segunda, días después, se presentó al nombrar al nuevo titular de la Coordinación Central de Servicios Periciales y recaer este nombramiento en un destacado y reconocido profesor universitario, nombramiento que buscaron hacer aparecer como un acercamiento de la Universidad con la Fiscalía, como una disposición de la universidad a coadyuvar con la fiscalía.

Nada más lejos de la verdad. Al término de mi participación regresaré a la ciudad

de Cuernavaca para acompañar a quienes suscribieron la carta abierta señalada, a una reunión con el Secretario de Gobierno y con el Fiscal.

Gracias a que el Consejo Universitario de la Universidad Autónoma del Estado de

Morelos se ha ocupado de la dimensión política en los términos en los que lo propuso en su momento Ignacio Ellacuría, podemos afirmar con legitima satisfacción y profunda responsabilidad, que tenemos norte, tenemos claridad de que hoy nuestro lugar es estar con las víctimas, que más allá de la retórica debemos hacer nuestro su dolor.

La universidad que hoy requerimos ha de tener una ética más bien centrada en el interés de la sociedad, particularmente del Sur global y de las mayorías empobrecidas y excluidas del desarrollo. Para apoyarnos en esa ética, las universidades y los universitarios debemos replantearnos muchas cosas, debemos resignificar la totalidad de

nuestro ser y de nuestro hacer.

Boaventura de Souza Santos, en su libro La Universidad en el siglo XXI: Para una

reforma democrática y emancipatoria de la universidad, sostiene que “… el único modo eficaz y emancipador de enfrentar la globalización neoliberal es contraponerle una globalización alternativa, una globalización contrahegemónica.”

Tengo la firme convicción de que el ejercicio que se desplegó en este Coloquio Internacional nos deja muchas enseñanzas en la dirección correcta, en la dirección de derribar muros y privilegiar el espacio público en la que Boaventura de Souza denomina “globalización contrahegemónica de la Universidad”. Esto también en el sentido en que Hanna Arendt lo plantea como un ámbito dominado por la luz; como símbolo claro de lo que se ve y se revela ante los ojos de los demás, y cuya cegadora luminosidad hace que nada pueda permanecer

oculto. “Según esta metáfora, la palabra y la acción son las capacidades más propiamente humanas y son las que permiten gestar, renovar y hacer luminoso el espacio público. Es en el acto de contar la propia historia donde el sujeto descubre, muestra e ilumina su identidad propia.

De eso se trata de darnos a luz y en ese darnos a luz construir ese “mundo en el

que quepan muchos mundos”.

Sr. Rector David Fernández Dávalos, hago votos porque esta primera acción

concertada entre nuestras instituciones sea un primer paso en el acompañarnos a

construir un horizonte de fraternidad, de solidaridad, de generosidad, de respeto al

ambiente, a la dignidad de las personas y de justicia verdadera.