Sistemas de conocimiento como sistemas de dominación*

 Frederique Apfel-Marglin y Stephen Marglin


El texto ofrece una buena síntesis de los trabajos realizado por lxs autores, se abre a una actitud alternativa, al considerar los caminos que pueden seguir los pueblos indígenas para su transformación. El texto ilustra también la frecuente contradicción que se observa entre políticas y programas del gobierno y de las agencias de “ayuda” cuando se acercan a las comunidades con sus anteojos técnicos e ideológicos habituales.


El tema central de este proyecto es la naturaleza del poder, la dominación y la resistencia en las sociedades del Tercer Mundo. Esta cuestión no sólo es importante para fines políticos y morales, sino también porque la resistencia al ejercicio legítimo del poder tendrá influencia directa en las perspectivas de progreso económico y social, sea cual sea la noción de progreso que se adopte.

Hay tres formas de enfocar la cuestión del poder. Un método, adoptado en la literatura sobre desarrollo político, considera que las instituciones políticas son los constituyentes básicos del poder. Un segundo método, asociado con la teoría marxista, examina las instituciones políticas con el prisma del interés y la conciencia de clase, partiendo, en general, de una definición de las clases en términos económicos. Un tercer enfoque parte de la noción de “Sistemas de conocimiento como sistemas de dominación”. Desde nuestro punto de vista, este enfoque es indispensable para la comprensión de la dinámica de la dominación y la resistencia.

Debemos aclarar desde el principio lo que queremos decir con la frase “sistemas de conocimiento como sistemas de dominación”. La expresión “sistemas de conocimiento” aparece en plural para señalar que hay muchos sistemas de conocimiento. La expresión no intenta evocar una multiplicidad de dominios de conocimiento, sino una multiplicidad de comunidades de conocimiento; una multiplicidad de formas de entender, percibir, experimentar y, en suma, definir la realidad. La expresión no trata de referirse sólo al conocimiento explicado en forma auto-consciente, sino también al conocimiento implícito en toda acción; la parte “conocimiento” de la expresión supone implícitamente que todas las formas de actividad humana tienen un componente cognitivo. La parte “sistema” de la expresión supone que el pensamiento y la acción humanos o el pensamiento en acción no ocurren al azar, sino conforme a un patrón; tienen una forma o estructura, son sistemáticos.

La otra parte de la frase, “sistemas de dominación”, se refiere a la forma en que diferentes grupos de personas emplean los sistemas de conocimiento. Si todas las acciones en sociedad dependieran de definiciones específicas de la situación, se volvería crucial la cuestión de quién formula la definición. Por ejemplo: ¿Deben definirse los bosques como recursos para la construcción o como fuentes de agua, combustible, forraje, hierbas, frutos y recursos genéticos? Los montes de piedra caliza, ¿deben ser definidos como minas a explotar o como fuentes de agua para sus habitantes y como el locus de los bosques sagrados ancestrales? ¿Debe definirse la adoración de la diosa de la viruela como una práctica supersticiosa que ha de erradicarse para que puedan tener éxito medidas racionales de salud pública, o forma una parte necesaria de un sistema de conocimiento que genera métodos autóctonos efectivos de control de la enfermedad?

Definir una situación es un acto que se efectúa desde el interior de un sistema particular de conocimiento. Una vez que la situación se ha definido de cierta manera, cierra cierto número de posibles cursos prácticos de acción y propicia otros. Para quienes no viven en los bosques, quienes no visitan los lugares sagrados o no creen en la diosa, definir la situación en sus propios términos implica necesariamente menospreciar las definiciones que ya han formulado los habitantes locales. Puesto que definir una situación es un acto cognitivo; menospreciar definiciones locales de una situación se convierte en un acto de dominación cognitiva. Tal dominación cognitiva no sólo es moralmente cuestionable; también puede ser costosa en términos económicos y resultar políticamente explosiva.

El enfoque de conocimiento y poder es particularmente importante en los siguientes campos:

  1. El mayor alcance del Estado

En la actualidad, los nuevos estados-nación tienen a su disposición medios poderosos para imponer su definición de la realidad: proyectos de desarrollo, educación en masa, medios masivos de comunicación y programas de salud pública: El Estado actual se ha extendido a un creciente número de dominios vitales que previamente pertenecían en exclusiva a la sociedad civil. Este fenómeno tiene dos efectos: crea desarticulaciones cognitivas para quienes no comparten las definiciones estatales de la realidad, y altera la dinámica que previamente regulaba las relaciones entre diversas comunidades de conocimiento.

Las desarticulaciones cognitivas creadas por el uso estatal de nuevos medios poderosos de imponer su visión de la realidad generan una reacción defensiva, dada la amenaza que plantean a la visión de las cosas de la propia comunidad. Las comunidades reaccionan a menudo, ante esa amenaza, movilizándose políticamente a partir de su visión compartida de la realidad. A fin de defender su mundo, lo hacen rígido y lo formalizan. Deja de darse por sentado y por tanto pierde flexibilidad y adquiere una articulación agresiva. Conflictos religiosos, lingüísticos, étnicos y tribales, por ejemplo, tienen mucho que ver con la sensación comunitaria: de amenaza que se produce ante el poderoso desafío que emana del Estado, así como de la percepción del acceso privilegiado que otras comunidades tienen a las nuevas fuentes de poder. Las desarticulaciones cognitivas y las alteraciones en las relaciones entre comunidades de conocimiento se combinan para producir situaciones políticamente explosivas.

  1. Efectos del desarrollo y la modernización

Con el acelerado ritmo de desarrollo, industrialización, urbanización y modernización en general, las vidas de la gente cambian cada vez más en función de definiciones de otros sobre su situación. Tal dominación cognitiva trae consigo un progresivo desgaste de las realidades locales. Independientemente de los méritos que pueda tener la apreciación de los expertos sobre una situación dada respecto a la de los habitantes locales, menospreciar las realidades locales se traduce en una serie de problemas, que van desde la resistencia pasiva hasta el sabotaje o la resistencia violenta. Si los proyectos de desarrollo han de suscitar la cooperación activa, sostenida y comprometida de la gente que afectan directamente, no pueden ser diseñados en forma unilateral.

De hecho, la afirmación de que el conocimiento local es “atrasado” y “oscurantista” puede simplemente legitimar la dominación. No puede suponerse que el conocimiento local es inexistente o inferior, y tampoco cabe suponer que el de los expertos es una forma superior de conocimiento. El conocimiento local, a diferencia del conocimiento científico está inmerso en lenguaje religioso y por tanto se percibe equivocadamente en términos de una dicotomía entre “religión” y “conocimiento”. El error consiste en imputar universalidad a la estricta separación entre racionalidad y religión, con base en la cual se postula el sistema de conocimiento occidental. De hecho, los sistemas no occidentales de conocimiento no hacen en general esta separación. Considérese, por ejemplo, el programa de vacunación que llevó a cabo el gobierno hindú en los años 50 y 60; el menosprecio de la forma local de comprensión de la viruela desempeñó un papel decisivo en el costoso fracaso del programa. Las prácticas que se refieren a la enfermedad, en particular la adoración de la diosa de la viruela, se percibieron como un obstáculo para el éxito del programa de vacunación. Se pensó que las creencias populares no merecían ninguna consideración seria y se les descartó como supersticiones. En realidad, la adoración de la diosa de la vacuna formaba parte fundamental de un método barato, de base, de control de la viruela, que había resultado altamente efectivo hasta que el gobierno colonial lo proscribió en 1865. La resistencia a la vacunación en nombre de la diosa fue en gran parte una declaración política: una forma de resistencia al gobierno colonial, primero, y luego a su sucesor, particularmente a la elite autóctona educada en las ciudades que administraba el programa de vacunación después de la independencia. Una actitud de respeto cognitivo por parte de los programas de salud pública hubiera permitido la integración de la vacunación dentro de los sistemas autóctonos de conocimiento. Esto hubiera permitido suscitar una cooperación de la gente menos costosa que la que se logró con un caro programa de premios en efectivo y diseminación de información que se inició cuando la Organización Mundial de la Salud empezó a participar en la campaña en los años 70. Los altos costos y los grandes retrasos que caracterizaron la campaña de erradicación de la viruela hubieran podido evitarse si no se hubiera ignorado a los sistemas locales de conocimiento. Una visión histórica más amplia del control de viruela deja en claro que hubiera sido posible adaptar al conocimiento local técnicas y tecnologías mejoradas. Tal adaptación, sin embargo, sólo puede tener lugar exitosamente cuando existe real respeto cognitivo: la voluntad de encontrarse con el conocimiento local en un plano de igualdad.

  1. La cuestión de la participación

En los debates sobre el desarrollo, se ha hablado mucho de la participación política en la formulación de las políticas a seguir; es decir, la posibilidad de que participen en las decisiones de política los grupos a quienes ésta se dirige. A menudo, sin embargo, las opciones participativas se encuentran constreñidas por una definición restringida de la situación, impuesta por los expertos. Por ejemplo, un cuadro a cargo del desarrollo de la comunidad puede decir a la gente, como representante del Estado, que necesitan atender en primer término el sistema de disposición de desechos. Puede pedir que se vote por los diferentes métodos para hacerlo, ajustándose así a su noción de participación popular. Pero las decisiones sobre las que votarán los miembros de la comunidad se basan en una definición previa de la situación: que ha llegado el momento de ocuparse del alcantarillado. Si la gente tiene urgencia de ocuparse de otras cosas, como la falta de combustible para cocinar y el estado de sus bosques sagrados (dos asuntos estrechamente relacionados entre sí), ¿se les permitirá proponer un orden de prioridades diferente? ¿Cuál sistema de conocimiento, el de quién, será el que defina el rango de opciones?

Cuando la participación política en programas de desarrollo excluye la posibilidad de que los afectados participen en la definición de la situación y el establecimiento de prioridades, su participación está condenada a ser tibia o indiferente. En algún momento, cualquier participación que haya sido posible conjuntar al principio tenderá a erosionarse. Si se ignoran reiteradamente las propias prioridades de la gente, la situación puede estallar en abierta resistencia. Un ejemplo de ello es el Movimiento Chipko. La agencia forestal ofreció inicialmente a los habitantes de las montañas que participaran en la explotación comercial del bosque mediante la organización de cooperativas locales de extracción de madera. Sin embargo, el favoritismo a los fuereños y el completo menosprecio a la definición popular de los bosques, como ámbitos de comunidad en los que puede obtenerse combustible, forraje, alimento y plantas medicinales y que tienen propósitos religiosos, condujo rápidamente a un movimiento de resistencia, gracias al cual los pueblos locales lograron evitar que continuara la explotación comercial del bosque.

El proyecto sobre sistemas de conocimiento intenta cubrir lagunas importantes en la comprensión de la naturaleza del poder, la dominación y la resistencia en los países del Tercer Mundo, lagunas que resultan evidentes en la investigación que ha dominado hasta ahora. El presente enfoque podría generar políticas que permitan a los gobiernos aprovechar los inmensos recursos cognitivos de los pueblos. Esto, a su vez, podría generar soluciones innovadoras a los problemas existentes y el apoyo comprometido y sostenido a las poblaciones locales. Abriría el camino a percepciones distintas a las que reducen el desarrollo a la imitación de las naciones del Primero y el Segundo Mundos. Sería una apertura a las que buscan desarrollos que satisfagan genuinamente las aspiraciones populares.

Traducción: Nicole Blanc

*           Publicado en Opciones 28, 5 de febrero de 1992.